Shot
El mojito
Germán Ramos Navas
Seguramente el nobel escritor Ernest Hemingway en la mismísima Habana, en Cuba, por supuesto, ahí en La Bodeguita del Medio, donde cotidianamente entre el mediodía y la tarde solicitaba su mojito, el clásico con ron de caña, pero de haber conocido el tequila de agave, seguramente hubiera cambiado por esta bebida.
Nos atrevimos a romper tradiciones casi sagradas. Y son casi sagradas, porque muy pocos pueden entender un mojito cubano sin ron de caña de caña de azúcar. Y quizá otro sacrilegio es sugerir que el escritor Hemingway degustara esa bebida pero con tequila.
Hicimos el ensayo. Seguimos todo el procedimiento de elaborar un mojito, para lo cual buscamos sus ingredientes: la hierbabuena o yerbabuena fresca, el jugo de limón recién exprimido. Incluso conseguimos azúcar mascabada para evitar la refinada, que se logra más accesiblemente en el comercio, pero la original bebida es con mascabada, sus cubos de hielo y agua mineral. Y en lugar de acercarnos un ron, fue un buen tequila blanco.
De inicio maceramos la hierbabuena sobre el jugo de dos robustos limones recién exprimidos en un vaso alto. Dejamos unos minutos para que se realizara la aceptación de estos dos ingredientes. Luego agregar dos cucharadas grandes de la mascabada y levemente revolverlas. Después de unos segundos llenamos el vaso con cubos de hielo. Y ahora el sacrilegio: agregar dos onzas de tequila, de preferencia blanco y de la marca preferida. Permitir que el tequila se “queme” con el hielo, para luego agregar dos o tres onzas de agua mineral, o la cantidad de preferencia. Con un agitador dos vueltas leves al combinado y adornar con una ramita de hierbabuena, que rebase el borde del vaso.
Al estar toda la preparación, sólo es esperar unos segundos para saborear el mojito, quizá tapatío, o bien cubano-tapatío. Cuando toma ese mojito se deleitará con una excelente comunión de productos naturales como la hierbabuena, limón, azúcar, y el tequila. Ahora tendrá una bebida fresca, refrescante, de excelentes cualidades para todos los paladares.
Haga el intento. Y creo que Hemingway, luego de tomarse un par de mojitos de tequila, o quizá cinco, saldría de la Bodeguita a su casa a darle a la máquina de escribir para elaborar esa obra que le dio el Premio Nobel, El Viejo y el Mar.
Es justo precisar que el tequila, de preferencia blanco, es para tomarse “derecho”, sin combinaciones, sin shot. Solo un par o hasta tres, es mi medida. Sólo combino cuando el tequila no es de mi preferencia o está mal destilado. Pero un mojito de tequila o dos, bien merece la experiencia.
A otro shot….

No hay Comentarios